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¿Cuál democracia? ¿Cuáles musulmanes? Julio 10, 2009
Regresando al discurso del presidente Barack Obama en la Universidad del Cairo. Hay cosas muy buenas en ello, especialmente su franco reconocimiento del fracaso de los Estados Unidos en vivir a la altura de los valores que proclaman al mundo. La humildad en un político es tan rara que aún la confesión más reacia de alguna falta merece resaltarse. Y las confesiones de Obama no fueron para nada reacias. Claro está, la humildad es más fácil cuando se está haciendo un recuento de la deshonestidad de la anterior administración; y sólo esperamos que Obama mantenga esta misma humildad y sinceridad cuando su liderazgo sea verdaderamente probado. Entretanto, merece apoyo extendido por sus valientes intentos en reducir el arsenal nuclear y bajar las emisiones de gases invernadero.
Al hablar al dispar "Mundo musulmán" desde Egipto, fue decepcionante que no tomara la oportunidad para hacer un llamado a la democracia y al respeto por los derechos humanos en su país anfitrión. El régimen de Mubarak es más despótico que los gobiernos sucesivos de Irán y aún así es considerado un fiel aliado norteamericano. De la misma manera se encuentra Arabia Saudita, otro país musulmán sobre el cual Obama no comentó. La marca represiva del wahhabismo islámico de Arabia Saudita se ha propagado alrededor del mundo para el profundo pesar de muchos musulmanes tolerantes. Y mientras que hizo el llamado a un Estado palestino independiente, de la misma manera que Bush, no hubo discusión de si un "Estado judío" es en algún modo diferente a la concepción de un "Estado musulmán" o si incluso es demasiado incompatible con las libertades democráticas que el pueblo estadounidense valora.
Obama exaltó a Malasia y Dubai como ejemplos de progreso que los estados de mayoría musulmana del resto del "Mundo musulmán" deben seguir. Esto fue desafortunado, en mi opinión. Malasia puede presumir de servicios de Primer Mundo, pero es uno lo de los países más "racistas" del mundo. Su constitución ratifica una discriminación abierta hacia los que no son malayos. Éstos últimos también son definidos como musulmanes y pierden sus derechos civiles si se convierten a otra fe religiosa. Además, los gobiernos desde Mahathir Mohammed han usado rutinariamente al notorio Acto de Seguridad Interna para reprimir toda la oposición política y encarcelar a sus críticos. La situación rara vez se reporta en los medios de comunicación occidentales y provoca poca crítica de los Estados Unidos y los gobiernos europeos simplemente porque Malasia es un socio importante para el comercio.
En cuanto a Dubai, para empezar, es una ciudad no un país; y una ciudad que comprende un 85% de expatriados. Estuve en Dubai el mes pasado y mucho de lo que vi me hizo recordar a Babel, la torre bíblica. El horizonte está marcado con edificios para oficinas sin terminar y grúas vacías, testificando acerca del financiamiento a base de deudas para el desarrollo de la ciudad. Es un lugar que habla de egos inseguros: el pretendido edificio más grande del mundo, el pretendido centro comercial más grande del mundo, el pretendido centro financiero más grande del mundo, montañas artificiales para esquiar, islas, campos de golf y hoteles siete estrellas para los "playboys" del Medio Oriente y del Sur de Asia. Dubai es el lugar para hacer dinero, que no es malo en sí mismo, pero también para alardear cuánto dinero se tiene. En esto no es único.
También, el hacer dinero sólo se da en un espacio altamente estratificado, en una sociedad casi del tipo apartheid. En la cima de la pirámide social están los familiares de los jefes árabes, en casas estilo palacio y con flotas de lujosos vehículos. Después vienen los británicos y norteamericanos ejecutivos de bancos y corporaciones que tienen sus propios espacios de socialización entre ellos. Debajo de ellos están los hombres de negocio indios y paquistaníes y debajo de ellos están cantidad de filipinos y otros asiáticos que hacen el monótono trabajo en aeropuertos, tiendas y oficinas. En la base de la pirámide están las decenas de miles de trabajadores de mano de obra barata de Bangladesh, India, Paquistán y Sri Lanka, empleados sobre todo en la industria de la construcción y albergados en casas bajo condiciones que algunos grupos de derechos humanos han denunciando como equivalentes a la tortura.
Finalmente, no podemos separar la historia, la geopolítica y la teología en cualquier discusión significativa sobre el "Islam y la democracia" en el Medio Oriente (u otro lado). La gente común de Medio Oriente ha sufrido por décadas como resultado del insaciable apetito de petróleo del mundo(s) occidental (y recientemente de China=s). Los ejecutivos e inversionistas de las compañías extranjeras han apoyado a sus líderes despóticos y han hecho enormes ganancias en el proceso. La industria del petróleo ha dejado tales estragos en el planeta que el calentamiento global amenaza con convertir al Medio Oriente y al Norte de África en un vasto desierto, con naciones enfrentadas unas contra otras en lucha por el agua. Por tanto, es improbable que tanto la militancia islámica como el reclutamiento terrorista vayan a menguar en un futuro próximo.
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